DESCANSO EN EL BAILE

Un descanso en el baile

 

El amplio salón de baile está brillantemente iluminado. Grandes arañas de cristal relucientes cuelgan del techo. Dos hileras de preciosas sillas tapizadas con telas adamascadas en tonos rojo oscuro encuadran la pista. El suelo, de mármol recién pulido, brilla como un espejo. Es agradable dejarse llevar por el ritmo del vals o de algunos de los bailes que toca la orquesta. Los caballeros de smoking y las damas esbeltas, con largos y escotados trajes, joyas espléndidas y cuidados peinados bailan y ríen. El ambiente es perfecto.

Juliana, sentada en una de las sillas, entre su madre y su hermana, contempla su carnet de baile. Tiene un hueco y suspira. Le duelen los pies y agradece un descanso. Lo observa todo y con detalle: sus tías, sus primas, sus admiradores, todos giran felices y sonrientes. Es agradable ser joven, rica y guapa. Siente sed. Se levanta y se dirige al interior a buscar una bebida.

 

Vuelve, muy cansada, y pregunta a una desconocida vestida  con un traje diferente al suyo--Perdone, ¿ha visto usted a mi hermana y a mi madre? Estaban sentadas aquí hace un momento—.¡Qué escándalo!, piensa, ¿dónde vamos a ir a parar?, ¿cómo se atreve a venir a una fiesta tan importante con un traje tan corto y el pelo más corto todavía?

--Siento volver a preguntar, pero ¿está segura de que no había ninguna dama en estas sillas, vestida como yo?

--Le aseguro que no. Sólo con ver su traje me hubiera llamado la atención.

Juliana va a protestar por la insolencia, pero al mirar el salón observa que todas las bailarinas lucen el mismo tipo de ropa de la persona que le habla. Y bailan a un ritmo trepidante. Se acerca para ver sus caras, pero ninguna es la cara de sus tías ni de sus primas. Ni los caballeros le son familiares.

 

--Vamos, señorita Juliana, es hora de ir a descansar. Es usted como los niños pequeños, que están agotados y no quieren acostarse. Cuando esté usted metidita en su cama, me lo agradecerá.

Juliana oye a sus espaldas la voz del ama, muy lejana.  Vuelve la cara y contempla con asombro la figura de negro que le sonríe dulcemente, tendiéndole la mano. Asiente, se coge de la fría mano y abandona el salón detrás de ella.

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Comentarios

10.04 | 13:56

Me parece precioso el artículo y cómo lo expresas.
Gracias por tus sabias palabras que con el tiempo maduran en mi mente como lo hace un buen vino.

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17.05 | 21:08

gracias, de gran ayuda , sobre todo el análisis métrico.

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27.04 | 16:03

¿"Escribir para no pensar"...? Escribir para no llorar más bien-al menos en mi caso-
Es lo primero que he leido de tí y quiero decirte:!ADELANTE!

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27.04 | 15:51

De entrada no me sorprendes, pero sí me resuenas muy dentro, empatizo y nos reencuentro a las dos en tus palabras y en tu ilusión.

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